Sentada desde una esquina de la habitación miro a mi alrededor y siento que el espacio que ocupo está a medias. Hay dos mesas, dos sillas, un sofá cama, una cómoda, una mesita de noche, un armario empotrado, cortinas, una ventana, una puerta y un ventilador roto. ¿Qué falta?

Las paredes están desnudas y parece que la habitación no cumple con el requisito de habitabilidad. Es simplemente un espacio ocupado a medias, sin alma.

[Fuera, las chicharras cantan sin parar con un tono uniforme e incesante y el ventilador no arranca. El sudor comienza a abrirse paso por la espalda y yo llamando a la creatividad, poniendo en sacrificio mi estabilidad y mi bienestar]

No sé si alguna vez, con la crisis creativa del folio en blanco, te has parado a mirar a tu entorno en busca de una excusa para escribir. Así es como he reparado en este vaso medio lleno o medio vacío y así es como he acabado identificándome con esta habitación. Una vida de trabajo desde los cimientos que no ha llegado a despegar, que se ha terminado asentando por el peso de la gravedad que fija los muebles al suelo, pero sin ningún tipo de orden, motivación o belleza.

Un camino que desembocó en esta habitación y, sin salida, me encuentro atrapada y estancada en una habitación sin cuadros.

Categorías: A veces escribo

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